¿Qué tan exigente eres?


El Dr. Albert Ellis, en su modelo de terapia racional emotiva conductual describe un tipo de pensamiento caracterizado por exigencias absolutistas, el cual es un rasgo distintivo de personas perfeccionistas y exigentes. En este artículo describiremos en qué consiste, sus consecuencias y nuevas formas de abordar este tipo de pensamientos.

Las exigencias absolutistas son fáciles de identificar, solo hay que buscar en nuestro discurso interno y social las palabras “debería”, “debo”, “tengo que” o “tendría que”.  Estas ideas son reglas para vivir que nos hemos autoimpuesto y a los demás y rigen nuestras emociones, comportamientos y toma de decisiones, ej.: “No debo discutir”.   Son aprendidas y se convierten en parte integral del mecanismo emocional de las personas.

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Hay dos formas básicas en el aprendizaje del pensamiento absolutista: 1) En la infancia, cuando los adultos para controlar nuestra conducta utilizan frases como “si te comportas así, ya no te vamos a querer más” o “¿ves lo que le pasó a ese niño?, fue por no hacerle caso a la mamá”. 2) En la edad adulta cuando decidimos asumir un código moral determinado, auto exigido o que caracteriza un grupo social determinado.

Las creencias se convierten en pensamientos irracionales cuando conducen a emociones y comportamientos destructivos, que interfieren con la supervivencia y felicidad de las personas y cuando se establecen estándares tan altos que nadie puede alcanzarlos; ej. “debería ser la mejor”, “debo tener el control”, “todo debe estar siempre limpio y ordenado”, “todos deberían ayudarme”.  

Poseer una idea rígida acerca de como debemos comportarnos o los demás, hace que tendamos a sobreestimar su importancia y las consecuencias de no cumplir nuestras expectativas; ej. “los empleados deben limitarse a obedecer”, “los hijos deben obedecer a sus padres”, “las mujeres deben atender a sus maridos”, “los hombres deben ser los proveedores del hogar”, “debemos trabajar duro para lo lograr lo que queremos”.

La ansiedad que genera un sistema de pensamientos guiado por reglas y normas rígidas con estándares imposibles de cumplir, paraliza a las personas, reprime su capacidad de disfrutar de la vida, genera comportamientos indeseados consigo mismo (Ej.: Trastornos obsesivos, depresión, culpa, frustración) y  perturbaciones en las relaciones humanas (Ej.: Problemas de pareja, maltrato infantil, mobbing, bullying, discriminación, violencia y guerra).

La mejor forma de combatir este tipo de creencias limitantes, es cultivar el valor de la libertad, entendida como la capacidad de elegir cómo actuar ante las diferentes situaciones de la vida, con flexibilidad. Abriéndose a diferentes alternativas, evaluando el funcionamiento apropiado de las normas o las posibles consecuencias y asumiendo las responsabilidades de nuestras decisiones. Pensar y actuar en libertad nos permitirá:

  • Cambiar las creencias de “debería”, por actitudes y comportamientos nuevos, que nos permitan evaluar cada situación en el ahora.
  • Confiar en nosotros mismos al tomar una decisión, en vez de buscar apoyo en nuestras tradiciones y normas aprendidas sean racionales o no.
  • Combatir la culpa, ya que comprenderemos que solo somos responsables de nuestras propias decisiones y que cada uno construye su propia felicidad.
  • Contrarrestar el uso autoritarismo y la falta de bondad, como estrategia para controlar el comportamiento de los demás, porque dejaremos de intentar imponer nuestras creencias ante otras personas.
  • Ser lo que queramos ser, en vez de intentar ser lo que otros esperan que seamos.
  • Aprender que los también tienen derecho a ser quienes desean ser, que no existen las verdades absolutas, que el conocimiento humano siempre se renueva y las costumbres cambian.

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